Por Fernando Ripoll G. / Ingeniero Comercial UGM (LinkedIn)
“Del papel a la nube: cómo la digitalización hospitalaria avanza entre nuevos desafíos de seguridad y gestión de datos.”
Hace unos 15 años, en Chile, tuve la oportunidad de participar en los inicios de la implementación de sistemas clínicos (HIS) junto a una importante empresa norteamericana. En ese entonces, hablar de digitalización en salud pública era casi una rareza. Salíamos a evangelizar sobre las ventajas de los sistemas de gestión clínica, explicando conceptos que hoy parecen obvios: control de inventario, eficiencia operativa, trazabilidad de insumos y, por supuesto, integración con sistemas ERP. En esa época, las reacciones solían oscilar entre la sospecha y la incredulidad.
Con el tiempo, la transformación digital en salud ha avanzado notablemente. A pesar de los desafíos de adopción, más que de implementación técnica, los servicios de salud han continuado impulsando la digitalización a través de licitaciones y compras públicas. Si bien el antiguo Convenio Marco no se renovó, lo que limitó la entrada de nuevos proveedores, el interés por mejorar la gestión clínica mediante tecnología no ha disminuido, aunque en un mercado que a mi juicio resulta concentrado.
Hoy el mercado ha madurado. Ya no se discute si un sistema es “bueno” o “malo” en términos funcionales, sino su usabilidad, interoperabilidad, capacidad analítica y reportería. Los usuarios son cada vez más exigentes, y eso es una excelente señal: refleja una sofisticación creciente que eleva los estándares del sector y presiona a los proveedores a innovar constantemente.
Los sistemas HIS modernos no sólo deben ofrecer funcionalidad, sino también una arquitectura cloud segura, herramientas de inteligencia artificial (IA) para análisis de imágenes radiológicas, exámenes de laboratorio o alertas de interacción medicamentosa, además de funcionalidades para el seguimiento de pacientes crónicos, ser más que una herramienta de registro, un soporte a la gestión y decisión.
La evolución ha sido constante: pasamos de desarrollos locales a soluciones world class, desplegadas en plataformas SaaS seguras con visión 360° del paciente, del establecimiento y de la red asistencial. Sin embargo, la interoperabilidad en el sistema público de salud sigue siendo una deuda pendiente, así como las brechas de ciberseguridad que surgen constantemente de esta interconexión que hace los entornos cada vez más complejos.
Hoy, los riesgos no provienen solo del software. Los equipos médicos conectados a la red hospitalaria, que acceden en tiempo real a datos clínicos críticos, han ampliado la superficie de ataque. Esto convierte a la ciberseguridad hospitalaria en un tema prioritario: el ecosistema digital de salud es cada vez más complejo, interdependiente y, por ende, vulnerable.
Cada nuevo sistema o módulo que se suma al entorno hospitalario puede fortalecer o debilitar la infraestructura tecnológica. Por eso, la seguridad debe incorporarse desde la fase de diseño y desarrollo, no como un agregado posterior. Solo así podremos garantizar que la digitalización del sector salud avance sobre bases sólidas, protegiendo tanto la continuidad operativa como la privacidad de los pacientes.
En resumen, la transformación digital del sistema de salud en Chile ha recorrido un camino significativo, pero aún desafiante. La interoperabilidad, la ciberseguridad y la inteligencia artificial ya no son conceptos futuros, sino pilares actuales que definen la calidad y resiliencia del ecosistema clínico. Consolidar una salud digital segura, conectada y centrada en el paciente requiere no sólo inversión tecnológica, sino también visión estratégica, colaboración interinstitucional y una cultura de innovación continua. Solo así la tecnología podrá cumplir su verdadero propósito: mejorar la atención, optimizar la gestión y fortalecer la confianza en todo el sistema sanitario.







